Usted está en : Portada : Opinión Domingo 17 de junio de 2007

Recordando

Por Eduardo Bown Rivera, historiador

El 12 de junio de 1997, se inscribió en los anales de nuestra historia como uno los días más triste. Un gran temporal de viento y lluvia se desató en nuestra región, principalmente, en nuestra ciudad, sólo comparado con lo ocurrido en febrero de 1953, cuando -producto del Invierno Boliviano- se desatara un fuerte temporal de lluvia y viento, con desborde del río, que causó estragos en la toda la comunidad.

Desde el aeródromo de Copiapó salía rumbo a Santiago el avión bimotor que llevaba al diputado del Partido Comunista por Atacama don Victor Montero y su comitiva, pero al salir del aeródromo se incendio uno de los motores y al tratar de regresar a la pista (en ese tiempo el aeropuerto se encontraba donde actualmente está el Regimiento de Infanteria Nº 23 de Copiapó ), su piloto perdió el control y el avión cayó en el lecho del río, en el sector de Viñita Azul, donde se incendió y todos sus ocupantes murieron carbonizados... Hasta el día de hoy una animita recuerda ese lamentable episodio.

Paradojalmente en ese mismo sector, 44 años después y también por efecto de un gran temporal que afectó a nuestra ciudad, con fuertes vientos y lluvias (70 mm. producto de 14 hrs. de precipitaciones, cuando el promedio anual es de 2.5 mm ), se produjo un grave accidente en el río Copiapó, producto del gran flujo de agua, barro, piedras y palos que en forma imprevista arrastraba el torrente del río, volcando al camión militar que había salido en una misión solidaria a prestar a ayuda a unas personas que se encontraban aisladas y en peligro en el sector de Viñita Azul.

Allí murieron cinco conscriptos del Regimiento de Infanteria Nº 23: Jonny Astudillo Vega, Guillermo Bustamante Ferrada, Ariel Gómez Michea, Pedro González Cofré y Claudio Lillo Latorre, ahora soldados mártires de la paz.

El Estado Mayor del Ejercito, su Comandancia en Jefe y el Departamento de Personal, por resolución 1525-1560 del 07-11-2000, les otorgó la condecoración al valor en forma póstuma y al SLC. Alfredo Sepúlveda Torres, sobreviviente de la patrulla de rescate que sufrió el accidente. El martes 12 se cumplieron 10 años de esa pesadilla. En el patio de honor del Regimiento y junto a sus familiares fueron recordados estos mártires de la paz.

Copiapó les debe ese gran memorial que merecen para recordarlos, que además motivará a futuras generaciones.

Sólo quiero recordar al gran Calderon de la Barca, de su libro El Aprendiz del Soldado: "La milicia no es más que una religión de hombres honrados". También falleció en este lamentable accidente la señora Lilian Silva Fritis, mujer mártir de la paz, ella había llamado al regimiento solicitando ayuda para salvar la vida de quienes estaban en peligro.

 
 
 
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