| Usted está en : Portada : Crónica | Domingo 5 de junio de 2005 |
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Cada una de las ciudades de Chile cuenta como uno de sus principales atractivos su Plaza de Armas. Algunas más grandes que otra, más o menos atractiva o simplemente hermosa. Copiapó cuenta afortunadamente, y aunque muchos no lo valoren como corresponde, con una de las plazas más lindas de Chile. Su tradición es incalculable, sobre todo por la importancia histórica que tiene en el norte del país y en el desarrollo de otras zonas. Es por ello que la Plaza de Armas “Arturo Prat” es punto obligado de encuentro para niños, jóvenes y adultos, quienes disfrutan de las distintas manifestaciones artísticas y culturales que allí se muestran. En la mañana de ayer el panorama era sencillamente acogedor. Música, arte, artesanías y gastronomía eran algunos de los panoramas que la comunidad pudo disfrutar. Los hermanos Vargas lograron reunir a la gente al son de una guitarra que parecía “hablar” en las manos de Francisco, quien con una movilidad impresionante lograba encantar al público. Mientras tanto, Fernando, sentado de espaldas al sol movía sus dedos para lograr estampar los nombres de sus clientes en coloridas pulseras. Casi en otro planeta, en el que el ruido de la música y la risa de los niños no logra marcar su presencia, dos serios copiapinos enfrentaban sus “ejércitos” de caballos y peones en un tablero a cuadros. Estaban ajenos al resto, su concentración pudo más que cualquier cosa. A metros de este inusual campo de batalla, los amantes de la artesanía tuvieron su espacio con una gran variedad de artículos. Esa es la Plaza de Armas de Copiapó, un lugar mágico que merece el respeto de todos. |
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