Usted está en : Portada : Temas y Reportajes Lunes 2 de agosto de 2004

Un viaje a la génesis de nuestra cultura

Por Rodrigo Mora Ríos

Una fundición monumental: Viña del Cerro

Poco a poco vamos llegando a uno de los 10 más grandes monumentos históricos de América. Se trata de la Fundición Viña del Cerro, ubicada en el Km. 88 de la carretera del valle y cuya construcción, cuenta Aracena, data de 1470, tiempo en que era trabajada por Los Incas, La Cultura Copiapó y los Diaguitas.

Dicho centro, se convertirá por ese entonces en la primera “fábrica” de América Latina en fundir con carbón, es decir, se comenzaba a utilizar la alta tecnología de la época al servicio de la minería que se extraía de diversos yacimientos aledaños a la zona.

Esto, aclara Aracena, gracias al carbón vegetal derivado de la leña de espino y algarrobo, del cual se hacía pan y que abundaba en el valle, además de la ubicación estratégica que se emplazaba en el Cerro Cabeza de Vaca, capaz de producir altas calorías, constituía el combustible cuya ignición, a modo de fuelle por el fuerte viento, que en las tardes y al igual que en todos los días del año, alcanzaba las temperaturas de 800º a 1.100ºC, requeridas para fundir los minerales de cobre.

Para conocer algunos términos quechuas, el guía expone que la fundición estaba a cargo de un capataz o jefe máximo llamado “Kuraca”, o la “Huaira” como se les denominaba a los hornos donde fundían los minerales o los “Ushnu” que eran templos ceremoniales.

 

 

“Es un deber conocer nuestro pasado”

 

 

 

Para Claudio Loader Garrido, director regional del Servicio Nacional de Turismo, Sernatur, el valle de Copiapó se enmarca dentro del turismo de intereses especiales y donde la identidad cultural debiera ser parte de cada uno de los Atacameños.

La importancia del “circuito del valle de Copiapó” a través de sus monumentos nacionales es conocer el inicio de la historia de Chile. “No sólo estamos hablando de monumentos que tienen implicancia a nivel regional, sino que de carácter nacional y por ende es un deber de cada persona conocer nuestro pasado”, sentencia Loader.

 

CAMINOS

 

Para acceder a estos monumentos, según la autoridad de Turismo, existen caminos habilitados donde cualquier vehículo puede llegar. No obstante, recomienda a las personas hacerse acompañar por guías, con el fin de poder descubrir de mejor manera la zona. “El ser acompañado por una persona entendida como son los monitores, permitirá conocer particularidades que no están escritas ni siquiera en los libros de historia, como son los mitos, leyendas y tradiciones”.

Con el objeto de contactar guías de turismo es preciso acercarse a las oficinas de Sernatur, ubicadas en calle Los Carreras frente a la Plaza de Armas, con el propósito que los puedan acompañar al valle. Loader destaca que “nosotros tenemos un listado de guías certificados que cuentan con cursos en estas materias”.

 

 

 

La primera planta de cobre

 

La última estación de este largo, pero apasionante e históricamente nutritivo viaje es el Acueducto Amolanas, declarado monumento nacional el 19 de enero de 1983 y que viene hacer, de acuerdo a Aracena, los poderosos restos de la primera gran planta de cobre de Chile llamada Lautaro que recuperaba el cobre de la Mina Amolanas de manera gravitacional.

La historia, según el entendido, indica que en 1890, la mina es comprada por don Agustín Edwards Ossandón a Teófilo Gómez. Con el yacimiento en su poder, Edwards amplía las labores extractivas en la mina e instala en el margen sur del río Copiapó, a 14 Km. de Amolanas, la planta Lautaro, compuesta de una molienda y de cribadores hidráulicos que separaban, por gravedad, el mineral de buena ley de los estériles. “Lo que queda de esta planta es precisamente este acueducto de piedra canteada y mortero de cemento, que no detiene su funcionamiento a pesar de la crisis de los años treinta, donde se cierran la gran mayoría de las mineras”, evoca Aracena.

A pesar del mal momento económico, menciona, el año 1929 el mencionado acueducto alimentó de energía el campamento que se instaló para la construcción del llamado tranque Lautaro en honor a la desaparecida planta de Edwards, cuyos trabajadores sólo laboraron a cambio de un plato de comida.

Han pasado más de nueve horas y ha llegado la tarde. El gélido viento desértico se hace presente y el viaje comienza a dar sus últimos respiros, antes de dejar atrás a cada uno de nuestros monumentos que han hecho posible construir paso a paso la historia que rodeó al valle de Copayapu “Copa de Oro”, el cual hizo posible el verdadero desarrollo económico, político y cultural de nuestra región y país.

Es denominado la cuna de la minería y la literatura. Tuvo la dicha, antes que llegara Cristo al mundo, de recibir a los primeros pueblos que dieron origen a diversas culturas en nuestro país. Después fue admirado y bendecido por los conquistadores españoles y hoy cuenta entre sus verdes brazos con uno de los frutos más apetecidos del mundo como es la uva de mesa. Es lo más parecido a una “enciclopedia natural” que encierra los detalles más apasionantes de la historia. Es, el Valle de Copiapó: un viaje a la génesis de nuestra cultura.

Dicho tour por el corazón del Valle, enclavado en la comuna de Kello Llampo o Tierra Amarilla que se ubica a 16 kilómetros al sureste de Copiapó, sigue la ruta de seis monumentos nacionales y otras bellezas históricas, cuyo punto de partida, bien temprano en la mañana, será la Iglesia de Nuestra Señora de Loreto.

Según Alejandro Aracena Siares, encargado de Cultura de la Municipalidad de Tierra Amarilla y guía del tour, la Iglesia fue terminada de construir hace un siglo. No obstante, aún mantiene un piso artesanal, escalas sin clavos y columnas de pino oregón traídas por los ingleses de la época.

Aracena comenta que años más tarde fue el talquino Pedro Arenas, un eximio descubridor de minas de plata, quien trajo la imagen de la Virgen de Loreto. “Se dice que sus familiares trajeron consigo la figura estampada desde la cuidad de Lorena, Italia, convirtiéndose con el tiempo en patrona de los mineros, cuya fiesta quedó lamentablemente en el olvido, una vez que los italianos emigran de Tierra Amarilla”, sentencia.

Más adelante, ubicado a catorce kilómetros al sureste de la iglesia entre sierras y quebradas se encuentra la Mina Tránsito, el primer museo de sitio de Chile, el cual está siendo postulado, dice Aracena, como monumento histórico, ofreciendo una muestra de antiguas tradiciones mineras.

La residencia de Jotabeche encierra los secretos de quien es considerado el padre de la literatura en Chile.

Primer monumento del viaje

 

De vuelta al Valle y a sólo cuatro kilómetros al este de Kello Llampo o Tierra Amarilla en quechua, se encuentra el primer monumento histórico nacional de la ruta decretado el 12 de diciembre de 1984: La Casa e Iglesia de la Ex Hacienda de Nantoco. Esta iglesia (a la izquierda), cuenta Aracena, consta de una sola nave con alto frontón triangular, sobre el cual se levanta la más bella torre de Atacama. Históricamente Nantoco, que en mapudungún significa “Agua de Pozo” era un sector muy fértil, el cual permitió plantar todo tipo de hortalizas. Carlos María Sayago reporta que fuertes lluvias e inundaciones en 1655 provocaron que el sector quedara estéril.

Aracena recuerda que fue en 1860 cuando don Apolinario Soto, rico minero de la mina de Tres Puntas, compra la hacienda y en 1870 manda a construir allí una casa de campo de notable riqueza arquitectónica y una iglesia de singular proporción y calidad para el servicio de su hacienda y de la zona. Hoy día, aunque en mal estado, la casa y la iglesia constituyen un interesante conjunto rural y arquitectónico.

Viña del Cerro.

El padre de la literatura

 

Atrás se deja Nantoco y aparece la Casa de José Joaquín Vallejo, de seudónimo Jotabeche, considerado el padre de la literatura chilena y porque no decirlo también del periodismo regional. Su casa sencilla que hoy conocemos, de sólo un piso, con amplios corredores y rodeada de sol, aire y mucha vegetación es monumento nacional desde el 14 de diciembre de 1977.

Jotabeche nace en Copiapó en 1811 y la historia cuenta que después del terremoto que afectó la zona, 1819, Vallejo fue recogido por su tío y trasladado hasta La Serena, en donde fue instruido en el arte de escribir.

“Más tarde, en 1828, comenzaría a redactar sus primeros ensayos literarios, que lo harían conocido como el padre de la literatura. También colaboró con el diario El Mercurio de Valparaíso, siendo uno de los periodistas mejor remunerados del país”, destaca Aracena.

De vuelta en su tierra es director de la imprenta del Diario El Copiapino por los años 1841 al 1850 y parte su carrera política en 1843 convirtiéndose en regidor de la comuna de Copiapó en 1849, siendo luego diputado por Vallenar y Freirina. “Aquí parte toda la literatura de Chile, con Jotabeche”, exclama Aracena.

Claudio Loader, director regional de Sernatur.

Pukará de Punta Brava: El fortín

 

El siguiente punto del tour es el Pukará de Punta Brava, monumento histórico que se ubica a 13 kilómetros al noreste del Pueblo de Los Loros, en el sector denominado Hornitos, frente al sitio La Turbina. En ese lugar se observa la construcción de un Pukará sobre la cima del cerro del mismo nombre. Mientras que el poblado y puestos de observación se ubican en la explanada que conforma la salida de una quebrada aledaña al cerro y se compone de unas veinte pircas o recintos.

“Dicho Pukará no era otra cosa que un fuerte colocado en la cima del cerro por los indígenas, utilizado para defenderse de los enemigos, incluso en el lugar se encuentra el espolón de Pedro de Valdivia, el cual demuestra que existió lucha”, analiza Aracena.

El mismo entendido comenta que los pueblos de la época, como la Cultura Copiapó y Los Diaguitas siempre se caracterizaron por defender lo suyo. ”Incluso los Incas al llegar al Valle fueron derrotados fácilmente”, analiza Aracena.

El acueducto Amolanas forman parte de la gran primera planta de cobre de la mina del mismo nombre.

La Puerta: Un pasadizo entre dos valles

 

La próxima etapa de este viaje se denomina Palacio Incaico de La Puerta o en otras palabras como apunta Aracena, “el paso entre el Valle de Copiapó y el Huasco”. Monumento arqueológico nacional desde el 13 de julio de 1982 al igual que el Pukará de Punta Brava. Se ubica a la entrada del pueblo de Los Loros. En una de las laderas del camino de acceso, se encuentran dos cementerios tumulares. Mientras que cruzando el río por un camino secundario se arriba a una terraza que sirve de asiento a una construcción incásica con características de centro administrativo. Dicha descripción es reafirmada por Aracena, quien profundiza diciendo que “el monumento se llama realmente centro de acopio y distribución de granos”.

El ex Palacete como lo denomina Aracena es de forma semirectangular, de doble amurallamiento, cuyos parámetros están confeccionados en base a piedras medianas, seleccionadas de granito y adobe, pegados a través de una argamasa de barro gredoso y en algunos sectores, con hojas vegetales molidas, para darle consistencia. ”Frente a la Puerta yo les muestro un cementerio indígena con túmulos y el Camino del Inca que sube el cerro rumbo a Los Loros”.

 
 
Opciones
Volver a la portada Volver a la portada
Enviar este artículo Enviar este artículo
Imprimir sólo texto Imprimir sólo texto